En el debate de esta semana hemos discutido sobre los beneficios y desventajas de una administración pública lo suficientemente grande y reguladora como para asegurar todos los servicios básicos a la ciudadanía.
Se han evidenciado dos posturas contrapuestas:
- Por un lado, hay quién opina que una administración demasiado grande resulta ineficiente. Se premia la mediocridad entre los funcionarios y se inculca a la ciudadanía un sistema de funcionamiento sesgado, a través de canales como la educación y los medios de comunicación controlados por el estado. Además, cuando Papá Estado se encarga de todo, los ciudadanos se acomodan en este sistema ineficiente a todas luces.
- Por otra parte, hay quién piensa que todo el mundo debería poder acceder a los servicios básicos, con indepencia de su clase de procedencia o recursos económicos a su disposición. Además, la administración debe ser un ejemplo de integración y de igualdad de oportunidades para todos, creando espacios para las minorías con independencia del coste o la eficiencia de estas actividades.
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