jueves, 5 de marzo de 2020

Iberismo

Esta semana hemos tratado de la conveniencia de unir fuerzas entre España y Portugal. Como siempre, se han evidenciado dos posturas enfrentadas:
- Los que no ven necesidad ni posibilidad, porque ya pasaron más de 360 años desde el último gran intento de unificación, y el desastre generado en aquel momento con las guerras por el control de Flandes aún perdura en el subconsciente popular. Por otra parte, políticamente no hay encaje entre una monarquía y una república. Socialmente también hay grandes diferencias (en Portugal es más evidente la diferencia de clases, aunque mantienen mejores relaciones con sus ex-colonias y son más tolerantes a la inmigración). Culturalmente sólo existen ciertas similitudes con los gallegos. Además, la unificación sumaría más problemas a los ya existentes en España o Portugal por separado. La entrada en la Unión Europea lejos de equilibrar salarios ha abierto más brecha, y Portugal siempre jugó a dos bandas con España e Inglaterra.
- Los que creen que existe una oportunidad y se debería aprovechar. Estamos condenados a entendernos. Potencialmente (recursos, población, mercado) podríamos volver a dominar Europa. Socialmente y económicamente se podrían repetir experiencias vividas en otras re-unificaciones recientes (italiana o alemana). La entrada conjunta en la Unión Europea ha propiciado un aumento de relaciones transfronterizas vecinales. Se podrían buscar las fórmulas más adecuadas (casos de Andorra, Euskadi, Puerto Rico). Las diferencias culturales o históricas no serían mayores que las de vascos y andaluces, el sustrato ibérico no ha desaparecido y debemos pelear por lo nuestro contra franceses y alemanes, generando ese contrapunto a nivel europeo.

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