En la sesión de esta semana hemos tratado un tema que siempre está de actualidad. El fútbol y la violencia que genera a su alrededor son continuamente portada en todos los medios de comunicación. Han surgido dos opiniones:
- Los que entienden que el fútbol profesional cubre una función de atracción de masas que los políticos tratan de rentabilizar, hasta el punto de haber degenerado totalmente el espíritu deportivo de la competición. El fútbol se puede utilizar para distraer la atención de otras preocupaciones, generar sentimiento nacional, tapar protestas y atontar a la población. Está claro que la permisividad de la violencia en el fútbol cubre una función política en realidad. Se ha sustituido la violencia de la “Kale-Borroka” por la violencia de los grupos ultras en este momento y los fines perseguidos son igualmente políticos. En definitiva es una mera reedición de la estrategia de PAN y CIRCO romano de todos los sistemas de gobierno, pero con el peligro añadido que podría llegar a desembocar en situaciones como la de “la guerra del fútbol” entre Honduras y El Salvador.
- Los que aún pueden encontrar alguna bondad en la competencia deportiva. Se crean amistades, genera un sentimiento de pertenencia a personas que podrían quedarse abandonadas, ofrece un entorno para la descarga de tensiones y preocupaciones del día a día, y genera cierta riqueza. Las subvenciones a la construcción de estadios de fútbol se justifican con el retorno que generan… económicamente, culturalmente y como imagen de marca de una ciudad. También se propicia que los niños practiquen deporte, y se fomentan los valores de una sociedad pacífica donde: en lugar de ir a la guerra entre comunidades y naciones, éstas pueden dirimir su fuerza y capacidad a través de la mera competición deportiva. El fútbol en divisiones amateur no está politizado en ningún caso. Sin embargo, este grupo de opinión también reconoce que las autoridades no deberían ser tan permisivas ante los actos violentos. Parar una ciudad por el terror a los ultras o cargar con los costes de los destrozos generados no son situaciones admisibles en ningún caso.
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