En la sesión de esta semana hemos debatido sobre el conflicto que se viene prolongando durante los últimos 500 años: Europa (Potencias Occidentales) contra China por el dominio del planeta Tierra.
- En un lado tenemos a los defensores del modelo Chino y de sus logros. Opinan que estamos condenados a entendernos entre ambos contendientes. Tras la muerte de Mao, Deng comenzó a construir el actual modelo de funcionamiento, que prioriza la mejora continua de la economía y de las perspectivas para la mayoría de la población. Ese es el secreto para preservar al régimen, la represión que se planteaba en la URSS o en la China de Mao no lo hubieran mantenido vivo. El crecimiento económico se está logrando a través de la aplicación de un capitalismo extremo que en principio choca frontalmente con la filosofía comunista fundacional de la República Popular. Deng explicaba estas contradicciones: “gato negro o gato blanco, da igual. Lo importante es que el gato cace ratones”. En cuanto a la apropiación de recursos naturales africanos, o la compra de deuda pública y participaciones en grandes empresas occidentales, obedece únicamente a una planificación estratégica que copia el modelo de éxito aplicado por los propios países Europeos en los siglos precedentes. Sin embargo, es posible que, aplicando esta misma estrategia, también comiencen a vivirse en China los problemas y efectos colaterales por los que hemos pasado en Europa durante todos estos años: corrupción, revueltas estudiantiles, exigencias de mejores condiciones para los trabajadores, igualdad de género, etc. Aunque tendrán la oportunidad de sortear estos problemas aplicando las mismas soluciones que se han ido seleccionando en Europa. En ese sentido, no podemos ver a los chinos como los demonios que nos mostraban en las películas de Fuman-Chú. Tienen una cultura en la que prima la Familia y la Comunidad sobre el individuo, están dispuestos a trabajar duro y soportar dificultades para mejorar su existencia como pueblo en el futuro que está por llegar. Pero en el fondo simplemente andan buscando su espacio en el mundo, de la misma manera que las demás potencias.
- En otro lado están quienes consideran mejor al modelo Europeo y se preocupan por la ventaja que los chinos están adquiriendo actualmente en este conflicto. Entre 1500 y 1700 Europa comenzó a tomar ventaja en esta confrontación global, ya que supo gestionar los repartos de poder entre sus dirigentes y líderes, tal como explica Samuel Huntington en su teoría de la “Gran Divergencia”. Entre 1700 y 1900, con la caída del antiguo régimen (Dictaduras Vitalicias) y la aparición de las Democracias, se hace más evidente que un régimen democrático siempre será más beneficioso para todos y resultará más exitoso que una Dictadura. Tras la última gran guerra mundial y la caída de la URSS, únicamente en China se atreven a discutir esta realidad. Lo preocupante es que parece irles muy bien trabajando de manera planificada e incluso llegando a imponer un régimen dictatorial (Xi Jinping se proclama líder único vitalicio y encarcela a sus posibles opositores de por vida). Claro que, aún no disponiendo de libertad de prensa, de afiliación política, o de culto… sí que tienen una economía de mercado liberalizada. En realidad, el modelo imperialista que se está imponiendo en China recuerda al de Alemania y Japón de los años previos a la gran guerra mundial. Sólo que sus aspiraciones parecen estar mucho más globalizadas. En este momento, no les basta con ser la “Fábrica del mundo”, quieren ir un paso más allá. Lo irónico es que los propios europeos les hemos dejado tomar el control: en muchos casos, las ganas de acceder a un mercado de más de 1.300 millones de personas han derivado en la firma de acuerdos sin reciprocidad (Volkswagen por ejemplo). China ha logrado acuerdos comerciales que favorecen sus políticas expansionistas y colonizadoras en el exterior (a empresarios chinos no se les aplican normativas de cierre de comercios en domingo, trabajo infantil, condiciones de sus trabajadores…), al tiempo que mantienen las restricciones y el control de su propio mercado interno (fábricas productivas extranjeras bajo control de las estrictas normativas de su país). Se les ha dejado hacer, se les han dado todas esas facilidades y ahora vamos a pagar las consecuencias.
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