jueves, 5 de marzo de 2020

Brasil y sus contradicciones

En la sesión de esta semana hemos debatido sobre el Brasil de Bolsonaro. Se han repartido las opiniones:
- Algunos creen que Brasil, con su enorme riqueza tanto en recursos naturales como en recursos humanos, tiene todo el derecho del mundo (así como sobrada capacidad) para decidir su propio futuro con independencia y sin injerencias externas. A pesar de que la región del Amazonas sea patrimonio mundial a preservar, o a pesar de que Brasil tenga un pasado común con Europa, y vínculos especialmente intensos con Portugal. En la última época del Imperio (Pedro II) había cierta estabilidad y el país consiguió grandes avances, pero con la llegada de la República y las Dictaduras militares se estancó la situación. Ahora intentan avanzar de nuevo en Democracia, pero los gobiernos progresistas no han tenido éxito con sus políticas de modernización. Por ejemplo, LuLa intentó trasladar la gente de las favelas hasta edificios de pisos en nuevos barrios de las ciudades. Lo mismo que hizo aquí Franco con las chabolas de Bilbao, trasladando a la gente que vivía en ellas al barrio de Otxarkoaga. Sin embargo, en Brasil no ha funcionado esta política. Los pobres han vuelto a las favelas dónde se encuentran más cómodos y se han desentendido de integrarse en la sociedad de clase media. En definitiva, la elección de Bolsonaro no es sino un reflejo del deseo de las gentes del Brasil mantener su forma de vida y conservar su situación en todos sus estamentos sociales.
- Otros creen que Brasil es un país de excesivos contrastes, existe mucha división de clases (A, B, C, D, E, F), y la corrupción política que allí sufren no tiene parangón. No es buena idea dejarles que destruyan el Amazonas, que incrementen el desequilibrio entre ricos y pobres, (hasta el punto que se llegan a matar entre ellos) o que desarrollen un Estado Totalitario con ánimos de conquista a costa de territorios vecinos. Lo que ha sucedido con LuLa y Dilma, y la culminación de la elección de Bolsonaro es muy significativo. Todo ello es un síntoma de que la cosa está muy mal. Se necesitaría recuperar el ánimo progresista de la nación y sobre todo gestionar el racismo que está muy arraigado en todas las regiones del país. Por otra parte, la gestión de los fuegos y expolios de recursos en el Amazonas o la presión sobre los últimos grupos de poblaciones indígenas para que abandonen su ancestral forma de vida, nos demuestran que es momento de que se tomen cartas en el asunto. La Comunidad Internacional debería presionar más a los gobiernos brasileños para encauzar la situación socio-económica del país, así como para asegurar la preservación de todo ese patrimonio mundial que controlan. Un patrimonio que, siendo tan importante para el conjunto de la humanidad, se está poniendo cada vez más en riesgo.

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