Esta semana hemos debatido sobre la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su aplicación de las políticas arancelarias.
- Existe un sector altamente preocupado por la deriva del repunte de ideologías anarco-conservaduristas y reaccionarias en muchos países de occidente. En enero se manifestaron en Italia más de 1.000 personas fascistas en uniforme recordando tiempos oscuros del pasado. Pero no se trata de una situación aislada en ningún caso. También en Francia, Alemania, Grecia... y en toda Europa en general hay cada vez más protestas y más ruido populista de las ultraderechas. Por otra parte, este sector opina que todo el tema de las políticas arancelarias y el proteccionismo de Trump va a complicar el comercio y va a propiciar un cambio de sistema que nos afectará a toda la ciudadanía. La era del comercio global y del todos salimos ganando con este modelo ya no interesa como antes, básicamente porque China no está en la posición rezagada que ocupaba durante las últimas décadas, ahora ya es un claro aspirante a arrebatarle la hegemonía mundial a USA. Esta situación es la que genera muchas tensiones entre el viejo líder y el nuevo aspirante. Por eso es que estamos viviendo este momento de transición. Los USA no quieren ceder sin pelear y sin meter mucho ruido que es lo que siempre han hecho: darle publicidad a sus acciones. Anunciar medidas como los aranceles y demás amenazas (incluso militares). Mientras los chinos con su cultura del trabajo humilde se dedican a lo suyo: tomar la delantera sin muchas ostentaciones.
- Otros opinan que no tiene porqué ser tan malo que vengan cambios. Especialmente cuando el modelo económico basado en la globalización de los mercados está dando claros signos de agotamiento. Es el momento de poner en marcha un nuevo sistema de funcionamiento que favorezca el desarrollo local y sostenible. China se está cargando los mercados locales de todo el mundo. Han creado un sistema de producción para todo el planeta y su economía se basa en la exportación. El estado subvenciona a sus empresas para que produzcan más y mejor, para que lideren el mercado. Además son capaces de saltarse los intentos de pararlos con aranceles, porque los componentes los fabrican los chinos, pero luego se montan en Singapur para acabar los productos finales en USA evitando las tarifas arancelarias impuestas a productos chinos por ir etiquetados como producto Indonesio en ese caso. USA se ha percatado de que China le estaba comiendo la tostada sin darse cuenta con este tipo de prácticas y no parecen dispuestos a ceder su hegemonía sin pelearlo antes. En Europa nos tocará aprender a cuidarnos sólitos sin depender de los yankees. En general tocará aprender a consumir menos. Esa es la mejor manera de no caer en las garras del ogro chino.
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