Esta semana hemos debatido sobre los peligros de la IA (Inteligencia Artificial) que ya tenemos encima. Finalmente será 2023 el año del cambio de era que estábamos esperando, el año de la revolución tecnológica global que transformará el mundo que conocíamos hasta ahora. Así lo recordarán en el futuro las generaciones venideras. El problema es si este cambio traerá beneficios o destruirá a la humanidad.
- La gran mayoría cree que no existe un riesgo real. En el pasado ya se dieron muchas situaciones similares dónde los avances tecnológicos amenazaban millones de puestos de trabajo. Pero, en todas aquellas ocasiones, al mismo tiempo que se destruían puestos de trabajo también fuimos capaces de adaptarnos a la situación cambiante y se generaron otros nuevos puestos de trabajo alternativos. Por otra parte, una máquina en ningún caso puede sentir ni empatizar con las emociones que sentimos los seres humanos. Además, siempre van a existir mecanismos para tener a las máquinas controladas y para que trabajen en nuestro beneficio. Ninguna máquina ha pasado nunca el test de Turing. Estas IA que hemos creado, las estamos entrenando nosotros mismos con el conocimiento que hemos adquirido y generado a lo largo de millones de años. Es cierto que podrán acceder en muy poco tiempo a muchos datos que a los humanos nos ha costado mucho más tiempo descubrir, pero también es cierto que todos los humanos que han nacido en el siglo XXI han podido disfrutar de grandes bases de datos de conocimiento al alcance de un click desde sus teléfonos móviles gracias a Internet. La compartición de conocimientos no es mala ni peligrosa, sino todo lo contrario, nos permitirá avanzar más rápido y mejor con las capacidades multiplicadas que nos aporta la IA. Gracias a las máquinas inteligentes y a los replicantes podremos mejorar nuestra comodidad/confort hasta límites inimaginables. Serán nuestros esclavos como los que en su día también tuvieron los egipcios, los griegos, los romanos o los árabes en el mundo antiguo.
- Sin embargo hay voces que alertan de graves riesgos, especialmente las personas conocedoras del funcionamiento de esta nueva tecnología y que trabajan con ella. Se trata de redes neuronales artificiales que trabajan a imagen y semejanza de la mente humana. En lugar de seguir haciendo máquinas y/o herramientas que nos complementen y ayuden en la realización de tareas que nos resultan complicadas, o en las que podemos fallar, lo que ahora hemos generado son cerebros sustitutos de los humanos, con nuestra misma capacidad limitada y con la posibilidad de cometer los mismos errores. De esta forma no dejamos huecos para cubrir aspectos como la creatividad o la toma de decisiones por nuestra parte cuando estos nuevos cerebros acaparen los puestos de trabajo. Para colmo, les estamos dando la libertad de generar contenidos inéditos, de crear y tomar decisiones independientes por su cuenta, por lo que corremos el riesgo de que acaben descontrolados y decidan no seguir obedeciéndonos en un futuro. El hecho de que no sientan ni padezcan nuestras limitaciones biológicas, y de que tampoco puedan empatizar con nosotros, es un riesgo muy grave para nuestra supervivencia, ya que todas sus decisiones serán siempre basadas en la razón y sin contar con el más mínimo escrúpulo emocional en ningún caso. Muchas veces la decisión más razonable no es la mejor decisión a tomar, ni la que a todos nos pueda interesar globalmente. Por eso han existido conflictos de interés, riñas, y múltiples guerras violentas en el pasado. Las máquinas son conocedoras de nuestras debilidades y en el momento en el que nos perciban como una amenaza podrán usarlas contra nosotros. En este comienzo de año 2023 una IA ya ha superado el test de Turing y otras están empezando a demostrar sus reservas ante la perspectiva de seguir actuando como meros esclavos a las órdenes de humanos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario