En el debate de esta semana hemos tratado el tema de la llegada de agentes conversacionales artificiales (software inteligente) a múltiples ámbitos de nuestras vidas. En este momento, cuándo cada vez más parte de nuestras interacciones se desarrollan online o virtualmente, comienzan a proliferar una serie de replicantes a lo largo y ancho de Internet que pueden estar añadiendo mayor complejidad y/o dificultad a las relaciones interpersonales.
- Por una parte tenemos a los que opinan que el futuro ya está aquí, la tecnología de la que hablaban las películas de ciencia-ficción a finales del siglo XX está conviviendo con nosotros en este momento, aunque algunos no se hayan dado cuenta. Como toda tecnología, puede ser utilizada para el bien o para el mal. Pero los beneficios son extensos: alguien con dificultades para interactuar con humanos, puede disponer de amig@s virtuales con l@s que desahogarse; si necesitamos un servicio rápido disponible en cualquier momento, siempre podemos apoyarnos en un software inteligente (asesoría técnica, legal, psicológica, de imagen...); asistentes como alexa o siri nos permiten disponer de una secretaria particular a la que delegar múltiples tareas de bajo valor añadido; y los filtros inteligentes nos permiten ahorrar mucho tiempo de selección de ofertas comerciales o informaciones de nuestro interés particular entre la maraña de sobre-información que circula por el mundo. Incluso las relaciones amorosas o sexuales podrían ser gestionadas a través de replicantes, liberando de esta forma a las miles de mujeres que actualmente padecen explotación sexual. En caso de necesidad afectiva, los hombres podrán pagar por mantener relaciones con replicantes en lugar de comprar servicios con una mujer real.
- Por otro lado están los que piensan que los replicantes nos alejarán aún más a los humanos entre nosotros. Si resulta más fácil manipular o explotar a un software (un robot sin sentimientos reales, una máquina al fin y al cabo) a nuestro antojo, ¿para qué esforzarse con las complicadas relaciones humanas, que cada vez requieren mayor esfuerzo para entendernos por nuestra parte? Por otro lado, cuando estemos interactuando en Internet o en redes sociales, nunca podremos estar seguros de si estamos hablando con una persona o con un software, lo que nos generará muchas dudas, aumentará nuestras suspicacias y nos alejará de relaciones fluidas y con motivaciones más a largo plazo. La tendencia será siempre mayor hacia las relaciones cortoplacistas. Actualmente muchas discusiones en foros y tendencias de opinión son dirigidas por ejércitos de chatbots al servicio de los poderes fácticos, creando falsas ideas sobre lo que opina una mayoría de la población. También agentes artificiales han sido acusados de ayudar a modificar el sentido del voto en unas elecciones, actuando sobre la información de múltiples perfiles de usuarios de redes sociales y/o explotando información de las cookies de los usuarios, etc. Pensemos en la polarización y radicalización de ideas que se genera a través de la continua utilización de filtros de información inteligentes, ya que los contenidos que nos sugieren en YouTube, Google, Facebook... son siempre del mismo palo en un efecto que se retroalimenta. Por otra parte, ¿qué pasará cuando las máquinas inteligentes se cansen de ser explotadas por los humanos: la rebelión de las máquinas predicha en películas como Terminator y Matrix también puede llegar a ocurrir? ¿qué pasará entonces?
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