lunes, 1 de junio de 2020

Teletrabajo

Esta semana hemos debatido sobre el Teletrabajo y su implantación acelerada debido a la crisis del COVID-19. Además, hemos valorado los posibles beneficios e inconvenientes que supondría a nuestra sociedad mantener esta forma de trabajo de manera indefinida.
- Por un lado tenemos a los que opinan que, con el modelo de Teletrabajo los jefes nos van a tener mucho más controlados y nos van a poder exigir más, porque van saber el tiempo que estamos conectados al ordenador, cuando estamos utilizando determinadas aplicaciones, y cuando estamos atendiendo a reuniones entre otras cosas. Esta situación resulta muy incómoda y desmotivante en muchos casos, ya que nos podemos sentir encarcelados con una condena a trabajos forzados. Por otra parte, en nuestra sociedad necesitamos el contacto social mucho más que en otras. Dependemos del contacto con nuestros compañer@s para sacar adelante los trabajos en común en mucha mayor medida que los Finlandeses por ejemplo. Además, no resulta nada fácil compatibilizar la atención a niños y/o familiares dependientes mientras tienes que estar trabajando en tu propia casa. En Finlandia por ejemplo, hay más conciencia de disciplina y, hasta los niños saben comportarse de otra manera para asumir sus tareas de aprendizaje o estudio en remoto. En general, el Teletrabajo es una fuente de disminución de la productividad. Las reuniones virtuales se extienden hasta dos y tres veces el espacio de tiempo que hubiese sido necesario para realizarlas en presencial. Por último, en un modelo de falsos autónomos como al que se apunta, habría que incrementar los controles y las inspecciones para evitar contratos en B y movimientos de dinero negro, porque la economía sumergida puede verse incrementada muy peligrosamente en este escenario.

- En contraposición tenemos a los que piensan que el Teletrabajo es muy positivo tanto para los trabajadores como para las empresas. En primer lugar, los trabajadores ahorran mucho tiempo y dinero en desplazamientos a sus lugares de trabajo. Mientras que las empresas se ahorran los costes de las instalaciones: espacio de oficinas, conexiones a Internet, electricidad, mobiliario... Por otra parte, la productividad se logra más fácilmente si se paga a los trabajadores por sus resultados en lugar de por su presencia en un puesto de trabajo. Un trabajador responsable es capaz de autogestionar sus esfuerzos para obtener los resultados requeridos o esperados, organizando sus propios horarios y marcando sus propios límites en cada momento. De tal forma que, podrá compatibilizar el tiempo dedicado a su familia y a su trabajo, sin necesidad de que nadie le ande controlando en ningún caso. En cuanto al problema de las reuniones, en la mayoría de los casos no son necesarias en absoluto y, son perfectamente sustituibles por un email. Además, aplicando nuevas metodologías ágiles y herramientas como KANBAN, se pueden compartir y controlar muy bien en remoto todos los avances de proyectos, reasignando tareas y balanceando las cargas de trabajo como sea necesario en cada momento. En cierta manera, el trabajo con falsos autónomos y profesionales independientes (freelancers) se lleva ya realizando durante mucho tiempo y está probado que es un modelo útil, no es nada nuevo.

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