sábado, 11 de enero de 2025

Danas e incendios

Esta semana hemos debatido sobre la gestión de los desastres naturales. Poniendo especial foco en lo sucedido con la Dana de Valencia. 

- Hay quien cree que se está tratando de responsabilizar demasiado a las instituciones, cuando debería ser responsabilidad de cada cual estar pendiente en cada momento de las predicciones meteorológicas y de las circunstancias de peligro que puedan surgir en su entorno y/o alrededor de sus propiedades. Máxime cuando ya exista un historial de catástrofes naturales similares (ya sean inundaciones, incendios, terremotos...) que hayan venido ocurriendo repetidamente en la misma zona a lo largo del tiempo. Lo sucedido en Valencia, especialmente la mortandad que se ha generado, denota mucha carencia de conciencia personal en este sentido. Parece que la gente viva alegremente en una suerte de fantasía colectiva en la que se han eliminado los riesgos intrínsecos a la vida en nuestro planeta. Por otra parte, también vivimos anclados en la queja constante y en lugar de afrontar los desafíos de la vida con iniciativa propia y valentía, exigimos que nos lo den todo ya hecho para no tener que preocuparnos nosotros por nada. Da la sensación de que tras varias décadas navegando en el Estado del Bienestar a través del siglo XXI, nos hayamos transformado poco a poco en una especie humana más débil y dependiente. Esa dependencia menoscaba nuestra libertad y nos convierte en rebaño a merced de lobos y pastores (ambos con el mismo interés en devorarnos antes o después). Así las cosas, deberíamos formarnos con espíritu crítico y ser totalmente conscientes de los riesgos a los que nos enfrentamos para trabajar en su mitigación antes de que se materialcen.

- Otros opinan que con los recortes que se están implementando, que afectan directamente al Estado de Bienestar, y con la deriva de nuestra clase política y de todos los gobernantes en general hacia políticas liberales de "sálvese quién pueda" estamos cada día más inmersos en el individualismo y el postmodernismo. Sorprende la nula conciencia de responsabilidad por lo sucedido, nadie dimite ni se disculpa a pesar de las decisiones, a todas luces erróneas, que fueron tomadas antes, durante y después de catástrofes de esta magnitud. Lo más curioso es que los impuestos no dejan de subir, las arcas públicas no dejan de incrementarse, y la tecnología no deja de mejorar las capacidades del Estado para gestionar con eficiencia sus recursos, pero luego ningún gobernante o dirigente es capaz de pensar en inversiones a largo plazo. Lo principal es ganar las elecciones a corto, asegurar los votos emocionales de las minorías que ha visibilizado (o puede que incluso haya generado en algunos casos) la cultura woke, y después lo que pueda pasar en el campo por culpa del cambio climático que se lo coman los que vengan detrás cuando les toque. Lo más grave es que ya ni siquiera se cumplen los programas políticos ni las promesas de campaña electoral. Por otra parte, el cambio climático se ha convertido en una forma muy eficaz de generar y mantener el miedo entre la población, así como una excusa perfecta para eliminar o diluir responsabilidades.