En nuestra sesión de esta semana hemos tratado sobre la situación del Sáhara Occidental y los diferentes intereses existentes en el conflicto entre el pueblo Saharaui, Marruecos, España, y las potencias occidentales. A todas luces, un ejemplo del conflictivo y desastroso proceso descolonizador en el continente africano llevado a cabo por las potencias europeas que previamente se habían repartido el terreno.
- En un lado se posicionan, los que opinan que Marruecos está buscando colonizar el territorio al estilo de Israel en Palestina, y que además se permite presionar a España y a la Unión Europea aumentando la presión migratoria en sus fronteras para que reconozcan su soberanía del territorio y dejen de boicotear sus intereses. Claro que, Ceuta y Melilla están más que abandonadas a su suerte desde mucho antes de que viésemos este masivo cruce de fronteras (como si estuviesen en otro continente), y la imagen de miles de marroquíes huyendo de su país tampoco es muy buena publicidad para el sultán corrupto de aquél reino y sus títeres. En todo caso, y quizá como consecuencia de estas presiones, un juzgado de la Audiencia Nacional ha llegado a reabrir la causa contra el jefe del Frente Polisario, aprovechando que estaba convaleciente en un Hospital de Logroño. Se han cubierto de gloria, tanto él, por pedir viajar a un país donde tiene una acusación por delitos graves, como quienes aceptaron acogerlo pese a ello. Es decir, un completo despropósito por cualquier lado por el que se mire. Claro que, en las relaciones con Marruecos siempre aparece la imprevisibilidad del rey y su humor de cada día, si se levanta con el pie derecho o izquierdo. A diferencia de Trump, en este caso no hay posibilidad de quitarlo a los cuatro años. Eso complica el esperpento mucho más de lo que nos podamos imaginar desgraciadamente.
- En otro lado se postulan los que creen que el problema del Sáhara Occidental en siglos anteriores a éste se habría resuelto con la fuerza, pero que en el siglo XXI se acaba derivando a mucho politiqueo y, en ese contexto, lanzar un grupo numeroso de personas contra la frontera para crear una crisis parece una jugada que sale bien. Ahí está el procesamiento del líder del Frente Polisario como demostración, por ejemplo. Por otro lado, la desgracia que sufren los saharauis nadie la tiene en cuenta, a ellos no se les escucha mientras se producen estos movimientos políticos. Tampoco se tienen en cuenta las desgracias humanas de los que intentan cruzar la frontera de Ceuta. De los 8.000 que han entrado en Ceuta esta semana, 4.000 han sido devueltos en caliente y otros 4.000 se han quedado (siendo 1.500 menores que no serán retornados en ningún caso ya). Este problema se debería gestionar como una crisis humanitaria, abandonando los intereses políticos de una vez por todas. Hacer uso de seres humanos para ganar cuotas de poder y disponer de yacimientos ricos en recursos naturales es de una vileza repugnante, la verdad. Esta batalla se está librando entre Argelia, Marruecos, España e incluso USA y la EU pensando única y exclusivamente en sus intereses geoestratégicos y en el aseguramiento de los recursos naturales al alcance de cada uno de ellos.