Este comienzo de año 2026 hemos amanecido con la noticia de la captura de Nicolás Maduro en su Palacio Presidencial por fuerzas militares de los USA. El debate de esta semana se ha centrado en este acontecimiento.
- Algunos opinan que el presidente de los Estados Unidos de América, actuando de esta manera, ha dinamitado de un sólo golpe toda la legislación internacional y todos los acuerdos de las Naciones Unidas. Ni siquiera ha tenido el mínimo interés o decencia de trabajarse una excusa creíble para su operación, y para colmo en todas sus ruedas de prensa ha sido muy directo hablando de dinero y energía: "vamos a sacar mucho dinero de la tierra". En fin, ya no quedan dudas de qué tipo de personaje es el que anda dirigiendo los destinos del planeta. Y como la soberanía nacional ya no importa un pimiento, probablemente en cualquier momento veremos la bandera norteamericana en Groenlandia y la de China en Formosa. Respecto a lo de que Trump es un valiente, la realidad es que sólo combate a estados pequeños y que al mismo tiempo les tiene mucho miedo a Putin y a China. Aplica la ley de la selva a los insignificantes y, casualmente, se mete especialmente con los que disponen de riquezas naturales (petróleo en el caso de Venezuela y Nigeria). Justamente en Venezuela Chavez expropió a las petroleras americanas a precio de saldo y ahora éstas quieren su retorno con la ayuda de la CIA, el ejército y la VI Flota. Evidentemente, de lo que se les devuelva, pagarán una comisión a Trump (porque de eso va esta historia). El problema es que los 150 barcos que Trump ha puesto en el Caribe no son suyos sino del pueblo americano. Aunque, eso sí, fue el pueblo americano quién le nombró presidente a alguien que no distingue entre lo suyo y lo del pueblo. Por otra parte, María Corina y sus amigos exiliados se han quedado con las ganas de escenificar una vuelta triunfal tras la caída de Maduro con la que tanto habían soñado. Igual que pasó con los asesinos de Viriato a los que les dijeron que "Roma no paga a traidores", María Corina también se ha quedado ahora sin poder y sin respeto. La que se sienta en el palacio presidencial con la confianza de Trump es Delcy.