En la reunión de esta semana hemos analizado la caída del Imperio Romano y las similitudes o paralelismos que se aprecian con la situación actual que estamos viviendo.
- Por un lado está quién opina que el motivo fundamental de la caída del Imperio fue el fundamentalismo ideológico impuesto por la religión cristiana, que transformó una sociedad militarista, esclavista y egoísta en otra pacifista, humilde y virtuosa, enfocada en la salvación post-mortem más que en mejorar su realidad presente. No se le puede echar la culpa a Diocleciano, quién debió gestionar una dificil situación tras una época de crisis política sin precedentes (50 emperadores distintos en 50 años), y que con sus reformas logró mantener el Imperio un par de siglos más. Por otra parte, hay que pensar que las grandes civilizaciones son como la energía: no desparecen sino que se transforman. Hasta el punto que la civilización, tecnología, creencias, y arquitectura romana se mantuvo en los reinos godos. Se crearon la primeras Universidades y las ciudades o el comercio volvieron a florecer. En general todos los Imperios que han existido suelen ser siempre de dos tipos: "Fundadores" o "Saqueadores". Los saqueadores no suelen perdurar, porque no aportan civilización o tecnología moderna, pero los fundadores (como lo es el Imperio Romano) convencen a los pueblos sometidos con sus sofisticaciones, con su tecnología y su calidad de vida, ofrecen un mundo mejor y lo comparten con los pueblos a los que someten. Eso se va manteniendo por los años, hasta el día de hoy, porque la civilización occidental actual no es en realidad más que una heredera del Imperio Romano. En cuanto a la situación de declive actual, se empieza a notar el declive político, y la presión de los fundamentalismos religiosos (incluyendo en este ámbito creencias totalitarias como las nuevas ideologías de género). También ha aumentado la corrupción, y el poder de los estados está fluctuando a las grandes corporaciones (Google, Apple, Facebook...). Podemos estar al comienzo del fin si nos paramos a pensarlo. Tendríamos que prestar más atención a todas estas señales y poner remedio a la situación antes de que sea demasiado tarde.
- En contra se posicionan quiénes creen que, en realidad confluyeron una serie de motivos internos y externos. Se le echa la culpa sobre todo al emperador Diocleciano, quién se llevó la Corte a Split (Croacia) y dividió el Imperio, primero en dos, después en múltiples regiones con sus gobernadores, aumentando los costes de gestión y el personal funcionario del Estado. Además, con la profesionalización y aumento del ejército para la defensa de cada circunscripción por separado, se generó un problema de gasto público y su consiguiente aumento de los impuestos, que sumió a la ciudadanía en una grave crisis económica. La gente abandonó la ciudad y huyó al campo. La ciudad de Roma pasó de tener 1.500.000 habitantes en el sigo III, hasta los escasos 30.000 habitantes del siglo V, en una bajada continua según se iba agravando la crisis del Imperio hasta su desaparición definitiva. Pero Diocleciano, además fue el primer gobernante que rompió el patrón oro y plata, reduciendo el valor del dinero en un 50% y provocando una inflación sin precedentes. Entre los factores externos se encuentran las presiones de los pueblos bárbaros, que fueron adueñándose del poder poco a poco. Entraron a colaborar como mercenarios, y después trataron de gestionar alianzas políticas desde dentro de Roma, buscaron dominar todas las instituciones a partir de la fuerza militar, pero sembraron el pánico y la gente huyó al campo en busca de la protección de los Horatios (los Señores Feudales) dando comienzo a la Edad Media Europea. Los reinos godos desmontaron la civilización como se conocía hasta entonces y sumieron al continente en la oscuridad. Actualmente estamos lejos de esta situación, el comercio mundial está en su máximo esplendor, las cuidades no dejan de recibir gente que abandona el medio rural, y no hay presiones de invasión desde el exterior. Nuestra civilización aún está en apogeo por tanto.
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