lunes, 3 de octubre de 2022

Crisis Energética

En nuestra sesión de esta semana hemos tratado sobre la crisis energética global, así como con su relación con otros fenómenos como el del Cambio Climático, que nos obligan a abordar un cambio en el modelo de producción y consumo que veníamos arrastrando desde la Revolución Industrial del pasado siglo.

- En un lado se posicionan, los que opinan que no hay que alarmarse tanto y que la crisis es meramente coyuntural, porque hay reservas de combustibles fósiles suficientes a largo plazo. Además, las tecnologías de extracción, transporte y consumo son cada vez más eficientes. Las infraestructuras han mejorado considerablemente los últimos años, y la diversificación de fuentes de energía nos hace vislumbrar un futuro muy prometedor. En realidad deberíamos preocuparnos más por los hijos que estamos dejando a nuestro mundo que por el mundo que estamos dejando a nuestros hijos. Antes que andar distraídos con las crisis económicas, energéticas, políticas... que siempre han existido a lo largo de la Historia de la Humanidad, y que siempre se han podido superar con el tiempo, mucho más preocupante resulta la crisis social y de identidad que sufren la mayoría de las personas actualmente. Es posible que la temperatura esté en aumento, pero eso no tiene porqué ser negativo en todas partes. Si se derrite el polo norte se abrirán nuevas rutas comerciales a través del mar del norte. En Groenlandia se podrá aprovechar un gran territorio para colonizarlo con personas que vengan de otros lugares que en este momento están superpoblados. Y si se acaban los recursos en la Tierra, siempre podremos ir a buscar más recursos en la luna, en marte o en otros planetas del sistema solar. No tenemos porqué pensar siempre en negativo porque siempre se puede ver el vaso medio lleno de la misma manera que algunos lo ven medio vacío. Los retos y las oportunidades son lo único que nos ayuda a crecer y mejorar cada día.

- En otro lado se postulan los que creen que el problema es endémico y que se está gangrenando. Los recursos naturales del planeta se están agotando muy rápido, y además con el agravante de que a los niveles actuales de consumo ya se ha rebasado el punto de no retorno en lo que respecta al efecto invernadero y a las consecuencias derivadas del cambio climático. El motivo de la restricción de oferta y de la insuficiencia de recursos no es por la guerra de Ucrania ni por el bloqueo a Rusia. El principal motivo es el despilfarro energético y los niveles de consumo desproporcionados de las sociedades desarrolladas, que no han parado de crecer exponencialmente desde la segunda mitad del siglo XX hasta los actuales niveles insostenibles. Era necesario parar la sangría en algún momento, y la guerra de Ucrania no es más que la excusa que necesitábamos para empezar a apretarnos el cinturón de una vez por todas. Mientras en los foros de sostenibilidad se hablaba de ir alcanzando objetivos de consumo que descendiesen a niveles de los de 1950, la realidad es que el consumo mundial no ha dejado de crecer exponencialmente cada año (con una pequeña parada obligada por la pandemia en 2020 como la única excepción). La contaminación de CO2 sigue en aumento, y las consecuencias derivadas ya se están notando mucho, cada año más. Resultando además, que con los actuales incrementos de temperatura, estamos provocando la parada de la producción en las granjas solares (los paneles no funcionan a más de 60º), en los parques de molinos de viento (los molinos no funcionan con poco o demasiado viento, fenómenos provocados por el calentamiento global), e incluso en las centrales nucleares (no pueden refrigerarse con agua de los ríos ni del mar, ya que está a una temperatura demasiado elevada). Por lo tanto, ya no vamos a poder aportar ninguna alternativa a los combustibles fósiles, porque en los actuales niveles de consumo es imposible de implementar ninguna otra cosa que ofrezca servicio a todos los ciudadanos del planeta.