En nuestra sesión de esta semana hemos tratado sobre el aumento del odio y la agresividad entre la población. Últimamente se suceden en los medios y en las noticias los casos de agresiones y/o actos violentos relacionados con motivaciones de intolerancia religiosa, xenófoba, homófoba, machista, etc. Es una situación que resulta preocupante y entendemos que merece la pena analizar las causas de esta deriva social.
- En un lado se posicionan los que opinan que el aumento de la violencia es consecuencia directa de una serie de políticas desacertadas en el ámbito social, educativo, normativo, así como en la gestión de la comunicación a través de los nuevos canales surgidos en el siglo XXI (redes sociales, internet...). Por ejemplo, la desaparición de los manicomios y las políticas de reinserción están detrás del aumento de gente chiflada paseando por nuestras calles. También influye la proliferación de infinidad de drogas y medicamentos, cuyo consumo sigue en aumento exponencial. Todas estas sustancias suelen provocar reacciones agresivas en sus consumidores, cuando no favorecen abusos y tropelías (caso de la famosa burundanga) a través de la inmovilización o pérdida de conciencia de las víctimas envenenadas con ellas. Por otra parte, los contenidos violentos accesibles por los chavales a través de videojuegos, películas, vídeos pornográficos, series de TV, música y canciones de moda, etc. les están inculcando subliminalmente la normalización de estas situaciones. Por último, la gestión de la Pandemia del Coronavirus también ha generado más tensión y más agresividad en nuestra sociedad, porque los seres humanos somos sociables y no llevamos nada bien mantenernos encerrados en soledad. Nos afecta claramente a nuestra salud mental, cosa que se ha notado en el aumento de citas con psicólogos y psiquiatras tras los períodos de confinamiento. Y sobre todo nos ha afectado el cambio de criterio de nuestros dirigentes, esa ha sido la puntilla que nos ha llevado a un estado general de confusión, a una sensación de que hemos estado haciendo sacrificios sin sentido que no han servido para nada, parece que vayamos a la deriva como pollo sin cabeza. Esto es lo que calienta a la gente, lo que genera el caldo de cultivo revolucionario, la radicalización y los movimientos populistas que históricamente hemos visto degenerar en guerras y dictaduras.
- En otro lado se encuentran quiénes creen que la violencia siempre ha existido entre los seres humanos, y que no ha variado mucho la situación en este momento. Más allá de que ahora cualquiera puede grabar en vídeo una agresión con su teléfono móvil, y de que se denuncian muchísimos más casos que en el pasado. En cierta manera es positivo que haya más conciencia y persecución de estos actos reprobables que, en otras épocas, pasaban mucho más desapercibidos habiéndose producido igualmente. En cuanto a las drogas, siempre han existido distintos tipos de sustancias que la gente ha consumido a lo largo de la historia de la humanidad. En concreto, los efectos del consumo de alcohol que derivan en conductas agresivas son de sobra conocidos en todas partes. Y por ejemplo, los habitantes de países del hemisferio norte con climas más fríos han tenido siempre fama de alcohólicos y violentos. La intolerancia es un mal endémico, y suele haber más homofobia, machismo, o xenofobia entre los propios funcionarios y padres adultos que entre la propia juventud y los adolescentes, quiénes no hacen sino aprender y reflejar los comportamientos que observan en sus referentes. Existe una tendencia de echar la culpa al Gobierno o al Estado eludiendo nuestras propias responsabilidades individuales que asusta. No podemos dejarlo todo en manos del Gobierno, de la misma manera que no podemos dejarlo todo en manos de Dios o del Destino (si él quiere ya nos proveerá). Deberíamos responsabilizarnos más cada uno de sus propias decisiones en libertad, pero sin molestar al prójimo, sin afectar a los demás.